El día que murió Fidel

18:35




Las ganas de escribir no son nunca casuales,
no aparecen así sin más.
Siempre hay un motivo,
un impulso;
un empujón para saltar en frases.

En estos días se que la casualidad es puro verso,
que todo tiene otra lógica;
que todo se vive más sentido.

Escribir entonces se vuelve fundamental.
No como testimonio,
no como catarsis;
sino como pequeña revolución interna.

Dicen que las revoluciones son vueltas,
son cambios, son transformaciones.
Son crisis pero son encuentro.

Y en eso estamos,
en una lucha en la que tengo pocas armas.
Algunas gastadas, temerosas y dolidas.
Otras desafiantes,
filosas como verdades,
pequeñas, pero insurrectas.

Sin saber las herramientas,
el día que murió Fidel,
empece a pensar en mis propias vueltas,
en mi revolución;
en mi yo inesperado.

Y acá estamos, escribiendo para encontrarme.


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